N.º 2 · 4 min de lectura

Delegar: poner en palabras lo que sabés y animarte a soltarlo

Y qué puede hacer una pyme que no tiene en quién delegar.

En una entrevista con Alejandro Fantino, Horacio Marín, presidente de YPF, contó cómo trabaja con Javier Milei. Según Marín, Milei le pidió una sola cosa: que YPF genere valor en dos períodos presidenciales. Todo lo demás lo decide YPF. De ahí salió el objetivo de exportar 30.000 millones de dólares en 2031.

Marín lo explica así: la autoridad tiene que definir el qué y el cuándo; el cómo lo trabaja el otro. Para mí, esta forma de trabajar se sostiene por dos razones:

  1. Micromanagement: interferir en el “cómo” molesta a la gente. Reduce la autonomía y la libertad de generar valor propio. Marín lo explicó con el sonidista del programa: si alguien que no sabe nada de sonido se pone a decirle cómo hacer su trabajo, seguro termina puteándolo, aunque sea por lo bajo.
  2. Delegación: una persona que no delega deja de enfocarse en sus actividades para priorizar las de otros. Fragmenta su atención, se aleja de sus propios objetivos y responsabilidades y, por ende, todo el equipo rinde menos. Mientras tanto, lo que solo puede hacer esa persona, como pensar hacia dónde va el negocio, queda para cuando sobre tiempo. Y casi nunca sobra.

Ahí me surge una pregunta. En YPF, como en la mayoría de las empresas grandes, con estructura, existen el equipo y los métodos para poder delegar bien. Pero ¿qué hay de las pymes y los emprendedores que no tienen consolidados estos recursos?

El desafío de los emprendedores

Pasa mucho en las pymes: el dueño que “vive apagando incendios” o por el que “pasa todo”, y entonces no delega. No es que no quiera. No puede confiar, porque la última vez que soltó algo terminó rehaciéndolo. No tiene tiempo de enseñar, porque explicar lleva más que hacerlo él mismo, y al otro día pasa lo mismo. O ni siquiera sabe cómo hacerlo.

En la teoría, es simple: delegar en personas o herramientas y enfocarse en lo de uno. Pero si es tan fácil como se dice, ¿por qué no se hace?

La frontera irregular y la opción alternativa

Automatización, agentes de IA, copilotos: son las palabras del momento y todo el mundo habla de eso. Y sin embargo, cuando pienso en los dueños que conozco, ¿cuántos cambiaron de verdad su forma de trabajar? Casi ninguno. Creo que es por las mismas tres razones que traban cualquier cambio en una empresa: no saben cómo, no quieren o no pueden.

En 2023, investigadores de Harvard y de BCG hicieron un experimento con consultores de BCG: a unos les dieron IA y a otros no. En algunas tareas, los que la usaron trabajaron más rápido y mejor. En otra, elegida porque la IA daba una respuesta equivocada pero convincente, se equivocaron más que los que trabajaron sin ella.

Los autores lo llamaron la frontera irregular: la IA hace muy bien algunas cosas y falla en otras, y la línea no coincide con lo que a nosotros nos parece fácil o difícil. Por eso, preguntarse cuán difícil es la tarea que quiero delegar no sirve para decidir si se la doy a una IA o no. En mi caso, pienso en otras dos preguntas.

Qué delegar y cómo

La primera: el criterio para hacerla bien, ¿está escrito o está en tu cabeza? Está escrito si podés dejarle a alguien nuevo unas líneas que le alcancen para hacerla sin preguntarte. Está en tu cabeza si te das cuenta enseguida cuando algo sale mal, pero no sabrías explicar por qué.

La segunda: si sale mal, ¿cuánto cuesta? Es barato si lo arreglás rápido y nadie se entera. Es caro si le llega a un cliente o ya no tiene vuelta atrás.

Un cuadro que cruza dos preguntas sobre una tarea: si el criterio para hacerla bien está escrito o está en tu cabeza, y si equivocarse sale barato o caro. Cuando el criterio está escrito y el error es barato, la tarea la hace una IA sola. Si está escrito pero el error es caro, la hace una IA y vos la supervisás. Con el criterio en tu cabeza y un error barato, la IA te propone opciones y la elección es tuya. Y si está en tu cabeza y el error es caro, la hacés vos.

La IA entra en la mayoría. Lo que cambia es cuánto del cómo hacés vos. En “IA sola” te toca decir qué y para cuándo, como Milei con Marín. En “vos”, el cómo sigue siendo todo tuyo.

En mi caso

Una cosa interesante, y un desafío personal, es poder poner en palabras el criterio que uno tiene en la cabeza. Me pasa a mí con Otro Sesgo. Desde esta semana, un agente de IA me trae cada mañana unos veinte episodios de podcasts, con el título y de qué tratan, y yo decido cuáles veo y cuáles no.

Qué vale la pena escuchar es un criterio que tengo en la cabeza: lo reconozco, pero me cuesta bajarlo a tierra. Y equivocarse sale barato: como mucho, pierdo un rato con un episodio flojo. Es la casilla de “IA + elección propia”, así que la IA propone y yo elijo. Cada episodio que marco como elegido o descartado queda anotado, y la búsqueda del día siguiente lo tiene en cuenta. Así, de a poco, ese criterio se va escribiendo.

Llevalo a tu negocio

Para pensar

¿Qué tarea das por hecho que una IA no podría hacer porque es difícil? ¿Lo probaste o lo suponés?

Repasá lo que hiciste ayer. Si algo de eso salía mal, ¿qué te habría costado caro? Lo demás, ¿por qué lo hiciste vos?

Elegí una de esas otras tareas y escribí en tres líneas cómo se hace bien. ¿Te salió, o solo te das cuenta cuando está mal?

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